opinionLas 34 horas de Rocha que alteraron el debate nacional
Por Alondra López •El breve regreso de Rubén Rocha Moya al mando del gobierno de Sinaloa generó cuestionamientos sobre los equilibrios internos dentro de Morena y además provocó otro efecto político: desplazó, aunque solo por un tiempo, la intensa discusión nacional centrada en Andrés Manuel López Beltrán. Tras 112 días de licencia, Rubén Rocha Moya […]
Por Alondra López
•El breve regreso de Rubén Rocha Moya al mando del gobierno de Sinaloa generó cuestionamientos sobre los equilibrios internos dentro de Morena y además provocó otro efecto político: desplazó, aunque solo por un tiempo, la intensa discusión nacional centrada en Andrés Manuel López Beltrán.
Tras 112 días de licencia, Rubén Rocha Moya retomó la gubernatura de Sinaloa el 21 de agosto. Su ausencia se dio en medio de acusaciones hechas en Estados Unidos sobre supuestos vínculos con la facción de Los Chapitos del Cártel de Sinaloa, señalamientos que el gobernador ha negado. Lejos de cerrar este capítulo, su regreso abrió una nueva crisis política.
El gobierno federal y Morena se distanciaron de esta decisión. La controversia aumentó y, pocas horas después, Rocha solicitó nuevamente licencia por tiempo indefinido. Esto dejó una interrogante inevitable: ¿por qué volver a la gubernatura por tan corto periodo y asumir un costo político tan alto?
Al anunciar su nueva separación, Rocha declaró que “Sinaloa, la nación y el movimiento de transformación están por encima de todo”. Esta frase cobra especial relevancia frente a un regreso que generó incertidumbre política y cuestionamientos incluso dentro del oficialismo.
Este episodio también puede interpretarse desde los nuevos equilibrios de poder. Rocha ha sido reconocido como un aliado político del expresidente Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, su retorno no provocó un respaldo unificado a su alrededor y evidenció la distancia entre su decisión personal y la postura oficial desde el gobierno de Claudia Sheinbaum.
Pero la secuencia de eventos deja otra duda.
El 19 de agosto, Morena defendía públicamente a Andrés Manuel López Beltrán tras la cancelación de su visa en Estados Unidos. El 20 de agosto, la controversia llegó a la Comisión Permanente del Congreso, generando una confrontación abierta entre oficialismo y oposición. Al día siguiente, Rocha sorprendió con su regreso al gobierno de Sinaloa.
No hay pruebas públicas que permitan afirmar que ambos sucesos fueron coordinados. Afirmarlo sería irresponsable. Sin embargo, la política también puede analizarse por sus efectos: planeado o no, el retorno de Rocha logró desviar una conversación particularmente incómoda para el entorno del expresidente.
Esta coincidencia resulta más interesante si se considera la cercanía política entre Rocha y López Obrador, un líder que durante seis años demostró una gran habilidad para establecer la agenda y dirigir diariamente el debate público.
¿Fue desde Palenque la orden de regresar? No hay elementos para confirmarlo. ¿Es válido cuestionar quién se benefició políticamente en esas horas? Al menos, el orden de los hechos invita a plantearlo.
Incluso si alguien intentó cambiar el foco del debate, el resultado tuvo una paradoja: mientras el caso de Andy perdió relevancia, el acontecimiento terminó obligando al oficialismo a distanciarse de Rocha y fortaleció la autoridad política de Sheinbaum.
En política, manejar la conversación no siempre implica controlar sus consecuencias.
Lo único claro es el desenlace: 34 horas bastaron para alterar la conversación nacional.



